27.6 C
Buenos Aires
jueves 3 de diciembre de 2020 - 7:58:33 PM
Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional
Historia en la AMFJN

Los nueve barcos “Belgrano” de la Armada Nacional

Como continuidad al ciclo que organizó la AMFJN en torno a la enorme figura de Manuel Belgrano, iniciamos un recorrido histórico por las naves de guerra argentinas del creador de la Bandera. 

por Atilio Álvarez, Vicepresidente de la AMFJN en representación del MPD

En ocasión de la excelente conferencia que dictó el Dr. Carlos Manuel Trueba el jueves 11 de junio, en el ciclo belgraniano organizado por la AMFJN, que versó sobre “Recuerdos Porteños a Manuel Belgrano”, uno de los asistentes le señaló que no se había hecho referencia al crucero “ARA Gral. Belgrano”. La observación no era pertinente, porque el Dr. Trueba, miembro del Instituto Nacional Belgraniano, se había referido, con singular maestría y enjundia, a la estatua, el barrio, las plazas, calles y escuelas que en la Capital Federal rememoran al héroe que nació y murió en Buenos Aires.

Como moderador intenté aclarar el tema, poner a salvo el recuerdo perenne de los héroes del “ARA Gral. Belgrano”, patrimonio espiritual de todos los argentinos, y mencioné, al pasar, la existencia de otros “bergantines” con el nombre del creador de la Bandera. Debo dar razón de mis dichos. Varias han sido las naves de guerra argentinas, de distintas características, que llevaron en dos siglos el nombre de Belgrano.

1. El bergantín corsario “General Belgrano”, fletado por su hermano.

Llama la atención que los primeros barcos que llevaron tempranamente nombres de nuestros jefes militares hayan sido los armados en corso, con patente de Buenos Aires, durante la guerra de la Independencia, para hostilizar el comercio español, y no buques de guerra bajo mando militar. Así el corsario “General San Martín” que llegó a bloquear Cádiz en 1818, y el “General Rondeau”, ambos bergantines armados por Juan P. Aguirre, botados y comprados en Baltimore, Maryland, y que de allí zarparon.

Nuestro primer “General Belgrano” fue un bergantín de origen no conocido con patente de corso nº 82 del 2 de marzo de 1817 a favor de Juan Pablo Chirif, cuyos fiadores, que afrontaban el riesgo de los créditos y participaban en las ganancias por remate de las “buenas presas”, fueron Félix Frías1 y Francisco Belgrano, de allí el nombre impuesto.

Este último era el hermano que seguía en edad a Manuel, y había viajado a Europa con él. De regreso y a la muerte de su padre fue el apoderado del sucesorio y se dedicó al comercio. Fue regidor Defensor de Menores en el Cabildo de 1806, activo organizador en la Reconquista y Defensa de Buenos Aires, hombre de Mayo y miembro suplente del Segundo triunvirato en reemplazo de Rodríguez Peña. Alcalde en 1815 y electo en las varias juntas de la convulsionada Buenos Aires de 1820, murió en 1824.

No se registran datos de itinerarios, presas ni de retorno de nuestro primer “Belgrano”. Fletar o financiar un corsario era un pingüe negocio… si el barco regresaba a puerto2.

2.- El bergantín “General Belgrano”, custodio del Sur y hundido en combate con el Brasil.

El primer “Belgrano” de la flota de guerra, bautizado así a solo cuatro años de la muerte del prócer, fue un bergantín de origen francés que dejó su nombre a la Base Naval más importante de la Argentina. Su trayectoria está asociada a la soberanía austral de la Patria.

Ya en 1823 el gobernador Brig. Martín Rodríguez había despachado dos expediciones de reconocimiento a la Bahía Blanca, o “Bahía de Abajo”, en su frustrado plan de avanzar desde Fuerte Independencia (Tandil) hacia el sur. La primera de ellas fletando la goleta norteamericana “Clive”, al mando del capitán José Valentín García, con el armador Vicente Casares. Con él iba el piloto de altura Joaquín Fernández Pareja3. Entre marzo y abril de 1824 partieron la goleta “Gleaner”, con el piloto norteamericano Diego Johnson, y la sumaca “Mariana”, con materiales para construir un fuerte, lo que no se llevó a cabo hasta la erección de “Protectora Argentina” en abril de 1828.

Ante el fracaso de esos primeros viajes se encargó al Capitán de Puerto, Tte. Cnel. de Marina Juan Bautista Azopardo4, que informara sobre el bergantín mercante  “L‘Actif”, con matrícula francesa de Nantes, Bretaña, propiedad de M. Román, comerciante de aquella nacionalidad.​

Era un barco con arboladura de bergantín, construido en 1818 con madera de roble, con casco forrado en cobre, de un porte de 175 toneles5, con 84 pies de Burgos6 de eslora y 24 de manga, es decir unos 23 metros y medio de proa a popa, y menos de 7 metros de banda a banda. Tenía un calado de 8 pies a proa y 12 a popa. Azopardo lo consideró apto para “emprender largos viajes…excepto al Río Negro de Patagones, por el no exceso de agua en su barra” y adelantó que podía ser armado con 14 piezas de artillería de a 10.

Por decreto del gobernador Las Heras del 19 de agosto de 1824 se lo compró en $10.000, y el 10 de septiembre fue rebautizado General Belgrano”, a propuesta de quien fuera su segundo en el Ejército del Norte, Gral. Francisco Fernández de la Cruz, ministro de Guerra y Marina, siendo este el primer homenaje al prócer recibido en las fuerzas armadas.7

Armado con 14 cañones zarpó el 23 de septiembre de 1824 hacia Bahía Blanca para reconocer la zona. Iba al mando de Francisco José Seguí8 y con Antonio Toll y Bernardet9 como segundo. Piloto de altura volvía a ser, como en el viaje del año anterior, Joaquín Fernández Pareja.

El “Belgrano” arribó a la bahía el 9 de octubre y trató de entrar en ella sin éxito, por las mareas y el dédalo de bajos e islas. El 21 de octubre tocó fondo a los 11 pies, pero pudieron desencallarlo. Pareja se negó a buscar el canal en bote porque no era un práctico sino un piloto de altura. Fracasada la misión, el bergantín regresó a Buenos Aires. ​ En noviembre de 1824 llegó al Puerto y se le repararon los daños sufridos en la quilla, el forro y la tablazón,

Por el incidente en el Sur, Fernández Pareja fue denunciado ante la Capitanía de Puerto, y detenido a la espera del Consejo de Guerra que presidió Juan José Passo e integraron el mismo Azopardo, y el ministro de Guerra y Marina general Francisco Fernández de la Cruz10. Estos absolvieron a Seguí y a Toll, y respecto de Pareja dijeron que si bien había existido “ignorancia, malicia y negligencia” ​ no había “mérito para una causa criminal… y se inclinan a aconsejar a V.E. la mitigación en parte de esa condenación”. Se le exigía al piloto la devolución de la mitad del pago contratado acordado, y adelantado. Pareja se negó a devolver los $600, y el ministro añadió la obligación de “pagar el consumo de las raciones desde el día de la prisión”, y lo amenazó con que “pasase en clase de preso a la Cárcel de Deudores.”

El 6 de enero de 1825 el “Belgrano” volvió a zarpar rumbo a Bahía Blanca, con el mismo comando y el piloto Diego Johnson. Esta vez logró ingresar a la bahía, levantar una carta y definir un fondeadero seguro, el día 19 de enero de 1825, a una milla de distancia del arroyo Pareja, que bautizaron como “Puerto Belgrano”, por el nombre del bergantín. En las cartas náuticas y mapas se lo llamó “Pozos o Sonda del Belgrano”, “Puerto del Belgrano” y luego “Puerto Belgrano”, cuando se perdió el recuerdo del bergantín pionero11.

Navegó luego hasta el destruido fuerte San José12, en Península Valdés, y siempre controlando la caza clandestina de anfibios llegó a los 48° de latitud sur, a la altura de Puerto Deseado y San Julián. Regresó al puerto de Buenos Aires el 15 de abril de 1825, y quedó afectado a servicios internos. ​

rto Belgrano

Bautismo de fuego en la Guerra contra el Brasil: Punta Colares

Al inicio de la Guerra contra el imperio, el “General Belgrano” se sumó a la pequeña armada republicana, de la cual Guillermo Brown fue nombrado Almirante el 12 de enero de 1826, con grado de coronel mayor. La Escuadra estaba compuesta inicialmente tan solo por dos bergantines el “Gral. Balcarce” y el “Gral. Belgrano”, y once cañoneras. Se agregaron luego la fragata “25 de Mayo” y otros dos bergantines: “Congreso Nacional” y “República Argentina”; y las goletas “Sarandí” y “Pepa”, esta última como barco hospital.

El 9 de febrero de 1826, al mando de Azopardo, segundo jefe de la Escuadra, el “Gral. Belgrano” asistió al Combate de Punta Colares, primer encuentro contra un enemigo superior en naves y en potencia de fuego.

Ese día, a 6:30 de la mañana, Brown zarpó rumbo ESE, con viento favorable y sin tener a la vista la escuadra bloqueadora, con su buque insignia, la ”25 de Mayo”, a la cabeza, tal como era su costumbre. A cuatro horas, cerca de Ensenada, avistaron a la escuadra imperial del vicealmirante José Rodrigo Ferreira Lobo, que superaba a la nuestra con 3 corbetas, 4 bergantines, 2 bergantines-goletas, 2 goletas y 3 cañoneras.

A las 11:00, por un cambio de viento, Brown modificó su rumbo al Norte, hacia el centro del río, seguido con cautela por los brasileros, y distanciado de sus propios barcos. Ante esto último viró, se unió con los rezagados y enfrentó al enemigo a las 14,30. Llegó también muy adelantado a sus buques, y soportó en su capitana el fuego de toda la escuadra imperial. Las naves republicanas se sumaron finalmente al combate, pero a la máxima distancia de fuego, con las lentas cañoneras a retaguardia.

A las 15:30 la “25 de Mayo” comenzó a alejarse, pero los otros capitanes no vieron las señales y al volver en desorden quedaron expuestos al fuego cerrado de los imperiales, sufriendo daños, entre ellos el “Gral. Belgrano”, al cual casi le vuelan la santabárbara y le desmontaron tres veces la batería de babor.Nuestra escuadra tuvo 3 muertos y 15 heridos y daños en sus principales buques, mientras que la brasilera tuvo 3 muertos, entre ellos el comandante del bergantín “29 de agosto”, John Rogers Gleddon, y 5 heridos.

Llegado a puerto, Brown criticó duramente a los comandantes Azopardo, Beazley, Warnes, y Mason, porque al permanecer lejos de la acción, habían frustrado la victoria. Los mencionados fueron sometidos a Consejo de Guerra, que se inició el 16 de agosto de 1826. En diciembre se absolvió a los cuatro oficiales jefes, por considerar que su demora en entrar en combate había sido producto de la mayor velocidad de la nave insignia y de la falta o insuficiencia de señales. Una de las pruebas fueron los daños registrados en el “Gral. Belgrano”, expuesto al fuego enemigo por primera vez.

Rápidamente reparado, y ya bajo otro mando, el bergantín cumplió en esos días misiones de transporte de tropas a la Banda Oriental y protección de mercantes, muy riesgosas por el dominio del río que ejercía la flota bloqueadora.

Ataque a Colonia del Sacramento: el fin del “Gral. Belgrano”

La Colonia era la base de operaciones secundaria brasilera, después de Montevideo, y privilegiada por su posición frente a Buenos Aires. Estaba hostilizada por tierra por milicias orientales al mando de Juan Arenas13.

Con el objetivo de tomar la plaza en doble ataque, por tierra y por río, Brown zarpó con su nave insignia, los cuatro bergantines, y la goleta Sarandí. El “Gral. Belgrano” iba al mando del capitán graduado Leonardo Rosales14.

A mediodía del 25 de febrero de 1826 la escuadra argentina se presentó ante Colonia. Su contrincante, el almirante Frederico Mariath, colocó a los buques “Real Pedro”, “Pará”, y “Libertade do Sul” amarrados al muelle; mantuvo en movimiento y observación solo a la goleta “Conceiçao”; y desembarcó piezas de artillería para formar dos baterías. Intimada rendición a la plaza, y rechazada que fuera, el 26 de febrero a las 8.00 Brown inició el combate, sin aguardar las acciones por tierra.

En las maniobras de ataque el bergantín “General Belgrano” varó al alcance de la artillería brasileña terrestre y naval. Rosales respondió con los cañones de una banda mientras aligeraba el buque trasladando la artillería de la otra borda a una cañonera. Ni aun así consiguió zafarlo, por la bajante.

Por la tarde cayó el palo de proa y las bajas y el daño general eran graves. Al atardecer la goleta brasilera “Conceiçao” se acercó a cañonearlo, seguida por varios lanchones con tropas de tierra. La reducida tripulación que se mantuvo en cubierta con Rosales, rechazó el abordaje a trabuco, hacha y chafalote. La “Conceiçao” aprovechó la oscuridad para irse a Montevideo a buscar refuerzos.

Rosales no pudo sacar de la varadura al bergantín, que soportó esa noche y por dos días un fuerte temporal. En la noche del 28 de febrero el barco se partió, y se hundió15 cuando su artillería y la tripulación ya había sido transbordadas. Las bajas ascendieron a 9 muertos y 10 heridos graves, sobre 80 tripulantes.

Brown reparó averías en la isla San Gabriel, y con las cañoneras llegadas de Buenos Aires emprendió el 1º de marzo un ataque nocturno a los barcos brasileros acoderados contra el muelle. Rosales con los restos de la tripulación del “Gral. Belgrano”, en la cañonera Nº 1, la “Correntina”16, compitiendo con Espora en la Nº12, abordó e incendió el bergantín brasilero “Real Pedro”, y cobró así la pérdida de su buque, a costa de graves heridas.

Ese fue el final del primer barco de guerra que llevó el nombre del creador de la bandera.17 Solo navegó ocho años desde su botadura en Brest, y forrado su casco en astilleros de Manila, sirvió bajo bandera argentina un año y medio. Fue explorador del Mar Argentino y origen de un topónimo de la mayor importancia para la Armada Nacional, y tuvo tres ilustres marinos como Capitanes: Francisco Seguí, Juan Bautista Azopardo y Leonardo Rosales.

Digno del arcón de los recuerdos de la Patria18.

3. Un barquichuelo “Belgrano”, peón de brega de la escuadra.

Destruido el bergantín, mantuvo el nombre de “Belgrano” un humilde cúter, de 15 m. de eslora y 1,80 m. de manga, de 1,10 m. de bajo calado, que eran construidos o en las carpinterías de ribera correntinas, que ya existían lideradas por Pedro Ferré, o en los pequeños emprendimientos de la Boca del Riachuelo, asiento de xeneixes que ya bautizaban en esos años sus lanchas de transporte fluvial como “La Liguria”, patria de origen de los Belgrano.

Con tripulación de 12 hombres hacía los continuos trasportes de víveres y municiones desde el Riachuelo hasta la flota. La tarea era arriesgada, porque podía ser destruido de un solo disparo de cañón o barrida su marinería por la metralla. De hecho, no se lo menciona más en misiones navales desde enero de 1827, por lo que puede dárselo por perdido.

4. El segundo bergantín “General Belgrano”, guerrero federal en el Río de la Plata.

Tras el tratado Arana-Mackau del 29 de octubre de 1840, y el levantamiento del bloqueo francés, la Confederación Argentina continuó en guerra con el gobierno riverista de la República Oriental.

El 2 de febrero de 1841, el Gobernador Rosas, refrendado por el Inspector y Comandante General de Armas, Cnel. Mayor Agustín Pinedo, designó al brigadier Guillermo Brown comandante general en Jefe de la Escuadra de la República. Su ayudante y enlace con el canciller Felipe Arana seria el entonces teniente primero Álvaro José de Alzogaray.

La escuadrilla de la Confederación tenía unas pocas naves, hasta entonces al mando de Antonio Toll. Fue incrementada por la compra de otros barcos.

Entre ellos, el bergantín “Zar Lazzar”, construido en Dalmacia y de matrícula austríaca. Cuando se lo compró propusieron rebautizarlo “Ilustre Restaurador Rosas”, pero el gobernador declinó el homenaje y prefirió llamarlo “General Belgrano19

Era un sólido buque de 38 m. de eslora y 6,5 m. de manga, de 360 toneladas de desplazamiento, el doble de su predecesor. Costó a la Provincia de Buenos Aires 3000 pesos fuertes.

La flota argentina quedó formada por el bergantín insignia “General Belgrano”20, de 24 cañones (18 piezas de 18 en cubierta, y 4 iguales en el entrepuente, más dos de 24 a proa), al mando de Antonio Toll, y luego de Guillermo Bathurst; el bergantín “General Echagüe”, de 11 piezas, al mando de Joaquín Hidalgo; la fragata “25 de Mayo”21, de 26 piezas, al comando de Tomás Craig; el bergantín goleta “Vigilante”, de 5 piezas, capitaneado por Guillermo Bathurst y luego por Juan King, y las goletas “General San Martin”, de 5 piezas, al mando del irlandés Gerardo Fisher; “Libertad” de 6 piezas, al mando de Craig, y luego José María Cordero, hermano de Mariano y Bartolomé; “Entrerriana”, de 8 piezas, al mando de Nicolás Jorge, y “Nueve de Julio”22, armada de cinco piezas, comandada por Tomás Craig y luego por Guillermo Bathurst.

Por adquisición posterior se incorporó con el nombre de “Republicano” el bergantín goleta sardo “San Giorgio”, comprado por el gobierno argentino el 4 de junio de 1842, y puesto finalmente al mando de Tomás Craig, que defendió el 20 de noviembre de 1845 las cadenas de la Vuelta de Obligado, volado antes que rendido.

El combate del 24 de mayo de 1841, frente a Montevideo.

La escuadrilla argentina intentaba bloquear Montevideo. El comandante en jefe riverista, Comodoro John Halstead Coe23, salió del puerto y fondeó en Punta Brava. Brown ofreció combate con los bergantines “General Belgrano”, insignia a su propio mando, y “General Echagüe”, a los cuales se sumó el “Vigilante” presto a cortar la retirada de los enemigos.

A mediodía y hasta las 18,30 se generalizó el cañoneo al sur de Punta Carretas, que culminó con la retirada a Montevideo de los barcos de Coe, dejando atrás al “Montevideano”24, y con el agotamiento de pólvora de nuestras naves, que

fueron reaprovisionadas de noche por los lanchones25. Al amanecer, el barco riverista intentó regresar a puerto por la costa tiroteándose con la “San Martín”, hasta encallar frente a la ciudad. Brown se aproximó con nuestras otras tres naves, para acabarlo, pero, en un gesto de caballero del mar, al ver «que las balas llegaban a tierra donde una multitud de gente se había agolpado inconsideradamente por mera curiosidad, temiendo hacer daño al inocente pueblo oriental, mandé suspender el fuego a nuestros buques que de otro modo hubieran destruido completamente al enemigo». Se retiró con las naves empavesadas en azul y blanco por la Fiesta Patria.

Rivera perdió tres buques: el citado “Montevideano”, finalmente desarmado tras la varadura, el “Constitución” y el “Yucutujá”. Murió en este combate olvidado, de la oficialidad de nuestra escuadra, el joven subteniente Pedro Renault, y entre los riveristas, el mismo capitán de la “Sarandí”, teniente coronel Malcolm Shannon26, destrozado por una bala de cañón del “General Belgrano” y el propio ayudante del Comodoro Coe, el teniente Andrés Lemoine, abatido al lado de su jefe. Los 13 riveristas y los 10 argentinos caídos ese día los guarda en secreto la historia, como victimas desconocidas de los desencuentros entre hermanos azuzados por las potencias extranjeras.

El Combate de Santa Lucía: la lucha solitaria del “Gral. Belgrano”.

El 3 de agosto de 1841, la Armada de la Confederación Argentina volvió a presentarse en línea de batalla frente al Puerto de Montevideo. A las 13 se inició el combate en la boca del río Santa Lucía. Sin apoyo oportuno de las otras naves, el bergantín “General Belgrano”, con Brown al mando, combatió solo, borda a borda, con la Capitana riverista, la goleta “Sarandí”, en épica pelea. En apoyo de su capitana, la “General Rivera” atacó por la popa a nuestra nave y le abrió rumbos bajo la línea de flotación con palancas. El “Belgrano” respondió averiándola de tal modo que la “Rivera” (conocida como “Luisa”) naufragó al entrar a puerto. Al anochecer Brown se retiró a Punta Indio y Coe a Montevideo.

Tras el feroz combate de Santa Lucía, la escuadra de la Confederación regresó a Buenos Aires durante cuatro meses, donde fue reparado el “General Belgrano”

e incorporado el recientemente adquirido bergantín “Oscar”, de origen sueco, rebautizado “San Martín”27

La captura del bergantín “Cagancha”.

El 24 de noviembre de 1841 reinició la escuadra argentina el bloqueo de Montevideo. Estaba formada por el “General Belgrano” (al mando de Joaquín Hidalgo28), el “25 de Mayo” (con Juan King al comando), el “San Martín” (al mando de Álvaro Alzogaray), la “General Echagüe” (con Nicolás Jorge), la “Vigilante” (con José María Pinedo) y el “Republicano” (a cargo de Guillermo Bathurst). El Comodoro Coe contaba con la “Sarandí”, el “Cagancha”, la “Constitución” y la barca “25 de Mayo”.

El 9 de diciembre, a las 4 de la mañana, Coe, con la “Sarandí” en punta avanzó sobre la flota argentina, fondeada cerca del banco Ortiz. A las 10 comenzó la lucha, inicialmente favorable a los riveristas. Tras cuatro horas de cañoneo, con el “Republicano” y el “Vigilante” lejos del combate, el “San Martín” sin el mastelero de trinquete, y la “25 de Mayo” rodeada, se levantó una fuerte tormenta y el enemigo se retiró rumbo a Colonia, dejando rezagado al “Cagancha” 29, al mando del capitán Beazley.

Fue pronto alcanzado por el “General Belgrano”, que lo arrinconó hacia el Banco Ortiz, con ataques de metralla y cohetes incendiarios. La noche cerrada fue de gran temporal y al amanecer se encontraron anclados juntos la “San Martín”, la “Nueve de Julio” y el “Cagancha”, totalmente desarbolado. Abordada y rendida la nave riverista, con 105 prisioneros, fue remolcada a Buenos Aires, donde se la reparó y convirtió en el bergantín “Restaurador”.

Combate del 21 de diciembre de 1841.

Ese día se libró el último combate de la flota riverista. Cuando el “General Belgrano” y la “25 de Mayo” estaban fondeados en la bahía de Montevideo, salió de puerto la escuadrilla de Coe. Los dos buques argentinos sostuvieron fuego durante cuatro horas. Al anochecer las escuadras fondearon separadas. A las 5 de la mañana levaron anclas y  “el General Belgrano se puso en facha para continuar el combate, pero el enemigo viendo esta determinación orzó luego fugando aguas abajo huyendo de la pelea”30.

Reentrado a puerto, a reparar, sufrió los efectos de un gran temporal en enero de 1843, y recién salió a campaña el 6 marzo al mando del Capitán Leonardo Donati, como buque insignia de Brown. Luego, durante el resto del bloqueo, quedó al mando de Juan Bautista Thorne, el héroe de Obligado, quien fue su último jefe en acción de guerra. A bordo del “Belgrano” el Almte. Brown recibió las primeras intimaciones del comodoro John Breet Purvis en términos insolentes31. La enemistad entre nuestro “Belgrano” y los ingleses venía de lejos.

Su posterior desarme y venta en noviembre de 1844 lo excluyeron del “robo de la escuadra argentina” por los “interventores” en julio de 1845.

Recomprado por su antiguo dueño austríaco, fue luego requisado en 1853 por la Confederación para incorporarlo como pontón de depósito en el bloqueo que acompañaba al sitio de Buenos Aires. El Almirante John Halstead Coe, antiguo adversario, era ahora el comandante de la escuadra confederada. Prefirió pasar a la historia como el que “vendió” la flota al gobierno porteño. Con ella fue, tristemente, el viejo “Belgrano”, testigo así de glorias y felonías.

Cuando los oficiales “vendedores” de sus barcos quisieron saludar al jefe de la defensa porteña, éste los rechazó y les mandó decir por su edecán: “El general Paz no saluda a traidores”

Lecciones de la historia que nos recuerda un barco con dignísimo nombre.

5. El lanchón “General Belgrano”, custodio del río Uruguay contra los “virtuosos saqueadores”

Fuera de servicio el importante bergantín de origen dálmata, tomó el nombre del prócer un lanchón de 86 toneladas, de 16 m. de eslora, y 4 m. de manga, posiblemente de construcción santafecina, que operó en la escuadrilla argentina del Río Uruguay, entre 1845 y 1850. Tripulado por 12 hombres y armando por una gónada de hierro de a 20, sus primeras misiones fueron al mando de la escuadrilla fluvial de José Celedonio Elordi, veterano de la guerra contra el Brasil, como marino, y de las batallas de Pago Largo, Cagancha, Don Cristóbal, y Sauce Grande como artillero en tierra32. Luego se integraría en la “escuadrilla sutil” del río Uruguay al mando de José María Cordero.

Desde febrero de 1845 el lanchón “Belgrano” custodió Salto, junto con el lanchón “Espinillo”, e integró las fuerzas de defensa de Paysandú contra los anglo-franceses y los mercenarios garibaldinos que ya habían saqueado salvajemente Colonia y Gualeguaychú.

Garibaldi justificó los asesinatos de civiles, las violaciones y los saqueos diciendo: “Es difícil de mantener la disciplina que impidiera cualquier atropello, y los soldados anglofranceses, a pesar de las órdenes severas de los almirantes, no dejaron de dedicarse con gusto al robo en las casas y en las calles. Los nuestros, al regresar, siguieron en parte el mismo ejemplo aun cuando nuestros oficiales hicieron lo posible para evitarlo. La represión del desorden resultó difícil, considerando que la Colonia era pueblo abundante en provisiones y especialmente en líquidos espirituosos que aumentaban los apetitos de los virtuosos saqueadores”

Todos ellos episodios olvidados a designio en la enseñanza de nuestra historia.

6. Medio siglo de olvido.

Llamativamente, después de Caseros el recuerdo de Belgrano desaparece de la nomenclatura naval. Ni en barcos de la Confederación Argentina, ni del Estado de Buenos Aires, ni en la flota que intervino en la Guerra de la Triple Alianza, ni siquiera en la “Escuadra de Sarmiento” o en el primer gobierno de Roca hay barcos que ostenten el nombre del prócer.

¿Había desaparecido de la onomástica naval militar? ¿o el recuerdo del bergantín de Brown era tan fuerte, como nos pasa ahora, que era imposible volver a usar el nombre?

En cambio, curiosamente, aparece en barcos civiles requisados para campañas fluviales internas.

En la intervención de Entre Ríos de 1870, cuando D. Ricardo López Jordán enarbola la divisa blanca con el lema “Soy Defensor de la Ley Federal Jurada”, opera en Puerto Ibicuy un vaporcito de río de 90 toneladas, de 22 m. de eslora y 3,9m. de manga, que lleva el nombre de “Belgrano”. Había sido armado en Corrientes, como vestigio de la vieja industria naval de ribera, que languidecerá cuando la provincia ate sus destinos al centralismo porteño.

Se ignora su dueño, pero fue requisado por el ejército para controlar el tráfico de pertrechos bélicos y de voluntarios porteños federales, hacia la provincia alzada en armas. En el control del Paraná operó bajo las órdenes de Clodomiro Urtubey, luego primer director de la Academia Naval Militar en 1873.

Desde marzo de 1871, después de la batalla de Ñaembé que fue en enero, ya no hay menciones al vaporcito y debe haber sido devuelto a sus dueños.

También vinculado al segundo intento jordanista fue requisada en Gualeguay entre mayo y diciembre de 1873, una balandra civil “Belgrano, de 40 toneladas y 14 m. de eslora, El historiador naval Capitán de Navío Pablo Arguindeguy33 la considera el sexto buque al servicio de la Armada con el nombre del prócer, pues no toma en cuenta al corsario, pero lo cierto es que la imposición de la denominación, como en el caso anterior, ya había sido hecha por sus dueños civiles.

La ironía de la historia, es que esta balandra operó bajo control militar del vapor “Garibaldi”, armado en La Boca y arrendado durante los dos primeros alzamientos federales de Entre Ríos. Recorría los ríos Paraná, Gualeguay y Uruguay una nave con el nombre de quien treinta años atrás los había transitado con hordas de saqueadores.

7. El acorazado “General Belgrano”, el barco de la paz en el estrecho.

Debemos llegar a tiempos de la segunda Presidencia de Roca para encontrar nuevamente el glorioso nombre del creador de la bandera en la borda de uno de nuestros buques.

Fue el Crucero-acorazado “General Belgrano”, botado en 1896 en los astilleros Orlando, de Livorno, Italia, y terminado por contrato con el gobierno argentino en 1898, en medio del rearme naval ante el posible conflicto limítrofe con Chile, el que retomó la tradición de honrar con su denominación al creador de la Escuela de Náutica.34

Era un gran buque de 7300 toneladas de desplazamiento, de 106,7 m de eslora y 16,20 m. de manga, armado con 2 cañones de 254 mm. en torres a proa y a popa; otros 8 cañones de 152 mm. en batería de a cuatro por banda, 4 más de 57 mm. y 8 de 37 mm., dos ametralladoras y 4 tubos lanzatorpedos.
Tras las pruebas de máquinas y armamento, partió de Génova el 8 de octubre de 1898, al mando del Capitán de Fragata D. Manuel García Mansilla
35 , y llegó el 6 de noviembre a Samborombón, donde fondeó junto al “Garibaldi”, asignado a la División «Bahía Blanca», formada por cuatro cruceros acorazados (Belgrano, San Martin, Pueyrredón y Garibaldi) y el crucero “Buenos Aires ”. Quedó al comando del entonces capitán de Fragata D. Emilio Barilari36.

El viaje del Presidente Roca al Estrecho.

La diplomacia organizó un encuentro de presidentes en Punta Arenas, y el presidente Roca se embarcó el 20 de enero de 1898 en el “Belgrano”, en Puerto Militar, escoltado por el “Patria” y el “Villarino”. Ya habían zarpado hacia el estrecho los acorazados “San Martín” y “Pueyrredón”, y luego el “Buenos Aires” y el “Espora”, constituyendo una demostración naval imponente.

En Puerto Madryn, donde recaló, se sumó el Canciller Amancio Alcorta y fueron recibidos por la colonia galesa, en la primera visita presidencial a la Patagonia. Las siguientes escalas fueron Puerto Santa Cruz, Río Gallegos, Puerto Haberton y Ushuaia, y de allí a Punta Arenas donde llego el 15 de febrero de 1899.

Allí ya se encontraba la fragata escuela “Presidente Sarmiento” en su primer viaje de instrucción final, circunvalando el mundo, al mando de Onofre Betbeder37.

Lo esperaba la flota chilena formada por el acorazado «O’Higgins», los cruceros «Zenteno» y «Presidente Errazuriz», y el transporte «Aligamos». que escoltaban al Presidente Federico Errazuriz Echaurren, junto con sus ministros y el ex Presidente, Almirante D. Jorge Montt.

El Gral. Roca se trasladó al «O’Higgins», y en su cubierta se saludó con el Presidente de Chile, en un encuentro que sería el comienzo de la ansiada paz. Luego ambos presidentes se reunieron en el “Belgrano”.

Al regreso y en signo de hermandad la fragata «Sarmiento» siguió con la flota chilena hasta Valparaíso, y el «Zenteno» acompañó al «Belgrano» y al «Patria» hasta Bahía Blanca, donde llegaron a mediados de marzo.

El Belgrano partió nuevamente a Ushuaia en 1900 ante el recrudecimiento de la crisis diplomática y a su regreso, una comisión de damas argentinas le entregó el artístico pabellón de combate, en celeste seda china bordada en oro. Se mantuvo en alerta hasta los Pactos de Mayo de 1902, y entonces pasó a reserva, en tren de desarme, en el apostadero de Río Santiago.

En 1907 recibió el primer equipo radiotelegráfico sistema «Marconi», todavía en experimentación, lo que marca el adelanto de la Argentina en ese tiempo.

En el Centenario hizo un periplo austral desde Puerto Militar, San José, San Sebastián, Isla de los Estados, Ushuaia, Isla Picton (signo de soberanía), Cabo de Hornos, Comodoro Rivadavia, Puerto Pirámides y regreso a Puerto Militar.

Regresó a Europa en 1927, con las tripulaciones argentinas que debían traer al país los torpederos «Cervantes» y «Garay». En Génova, junto con la fragata «Sarmiento», en octubre, sus oficiales y tripulación participaron en la inauguración de la estatua del General Belgrano, en total hermandad argentino-italiana. Luego entró en el astillero de botadura para reparaciones generales, que incluyeron el cambio de combustible de carbón a petróleo, hasta fines de 1929.
Desde 1934 y hasta 1947 tuvo base en Mar del Plata, como buque madre de submarinos. En ese año fue radiado de servicio, y remolcado a Buenos Aires, se lo entregó a la Fábrica Militar de Aceros, y para desguace en el Riachuelo.

Sin las naves civiles requisadas en 1870, fue el quinto buque de la Armada que se llamó “Belgrano”, según el historiador Arguindeguy38; el séptimo con aquellas, y el octavo si tomamos en cuenta el primer bergantín corsario que llevó ese nombre en vida del prócer.

8. El acorazado “ARA General Belgrano”, el de Malvinas.

No hay dudas que desde 1982 decir “Belgrano” es referirse a este buque y a sus heroicos tripulantes, los muertos y los sobrevivientes del trágico ataque a mansalva.

Es tal la riqueza de los recuerdos que evocan el “Belgrano” y sus marinos, de todo rango, que merecen no un artículo sino una serie de ellos, que invito a redactar entre todos. Vamos avanzando hacia los cuarenta años de la guerra y del hundimiento.

¡Viva la Patria!

Buenos Aires, 20 de junio de 2020

1 Félix Ignacio Frías, santiagueño, doctor en leyes por esa madre de patriotas que fue la Universidad de Chuquisaca, diputado por su provincia a la Asamblea del Año XIII, acompañó al Gral. Belgrano como auditor de guerra en la segunda campaña al Alto Perú. Por eso la elección del nombre en vida de su jefe. Fue padre de Félix Gregorio Frías.

2 Otro “Belgrano” tuvo carta patente de corso nº 7 el 2 de enero de 1826, ignorándose el destino.

3 El piloto Joaquín Fernández Pareja, nacido en Galicia en 1781, egresado de la Escuela de Náutica en España, había llegado a Buenos Aires en 1808, y se sumó a la Revolución de Mayo. Formó parte de dos expediciones a Bahía Blanca. En la primera dio su nombre al “arroyo de Pareja”, llamado por Fitz Roy “Pareja Creek” en la carta de 1833, hoy balneario de Punta Alta. En la segunda tuvo actuación desdichada. Fue Capitán de milicias nombrado por D. Juan Manuel de Rosas.

4 Juan Bautista Azopardo (Senglea, Malta, 1772 – Buenos Aires, 1848) había vuelto después de estar prisionero tras el combate de San Nicolás. Entre 1811 y 1820 estuvo preso en Montevideo, en Cádiz y desde 1815 en Ceuta, donde compartió celda con Juan Bautista Condorcanqui, medio hermano de Túpac Amaru II. Cuando éste viajó a Buenos Aires, se alojó hasta su muerte en 1827 en casa del marino, en el barrio de San Nicolás. Azopardo, jefe de la primera escuadrilla patriota, fue el segundo comando del “Gral. Belgrano”, al inicio de la guerra contra el Brasil. Después del Consejo de Guerra por la actuación de 9 de febrero de 1826 se retiró de la Armada.

5 El tonel, como unidad para medir el arqueo de una nave, era 5/6 de la actual tonelada. Es decir, 146 Tm.

6 El pie castellano o de Burgos era una medida equivalente a 27,8635 cm. Se dividía en doce pulgadas de 2,322 cm. Tres pies formaban una vara castellana, de 83,5905 cm, y 20000 pies, una legua de 5.572,7 metros.

7 Otro bergantín de la época era el “General Balcarce”, ex mercante “César”, puesto al mando del italiano Bartolomé Ceretti, muerto en el ataque a Colonia. En el combate de Juncal lo comandó Francisco J. Seguí.

8 El primer comandante del “Belgrano”, Francisco José Seguí (Buenos Aires, 1794 – 1877) formado en la Academia Naval de San Fernando, en Cádiz, y luego en la de La Habana, se había dedicado al tráfico mercante desde Montevideo. Incorporado en 1814 a la escuadra de Brown, tomó el mando de la cañonera Nº 17 “Americana”, que actuó en el combate de Arroyo de la China. Estuvo presente en la rendición de Montevideo. Participó de las luchas fluviales desde 1819 a 1821, y dejó importante testimonio en el manuscrito “Apuntes de Familia, Campaña de Entre Ríos”. Realizó las expediciones al Sur, como primer comandante del bergantin “Gral. Belgrano” y llamó “Puerto del Belgrano” al mejor fondeadero. En la Guerra contra el Brasil comandó el bergantín “Gral. Balcarce” y tuvo destacada actuación en la victoria de Juncal. Después de ocupar la Capitanía de Puerto de Buenos Aires emigró a Montevideo en 1834 por sus ideas políticas, y participó en la Defensa de esa plaza en la Guerra Grande. Pese a ello, como patriota, regresó a Buenos Aires, llamado por Brown en los prolegómenos de la Segunda Guerra con el Brasil, en 1850, y recibió el mando de la corbeta “25 de Mayo”. Después de Caseros revistó en la escuadra de la Confederación, al comando de la goleta Santa Clara, que era el pailebot yanqui Eletta, comprado y así rebautizado por Rosas. Cuando el almirante John Halstead Coe vendió la escuadra confederada a Buenos Aires, no aceptó la orden de entregar su barco y lo varó en la costa. Respetado por todos fue Capitán de Puerto de 1855 a 1858, y de San Isidro, San Fernando y Tigre con posterioridad.

9 El segundo jefe del “Belgrano” en esa expedición, Antonio Toll y Bernadet (Mataró, Cataluña. 1790 – Buenos Aires,1864) fue un marino español que revistó en la escuadrilla de Juan Ángel Michelena, que bombardeó Buenos Aires en julio de 1811, pero que tras el armisticio con el virrey de Elío se pasó a la Revolución y se nacionalizó argentino. Participó en las luchas fluviales de 1820/21, primero a órdenes de Seguí y luego de Matías Zapiola, y en las expediciones al Sur. En la Guerra contra el Brasil fue ayudante de órdenes y secretario del Almirante Brown, y su edecán. Volvió a serlo en 1841, y en 1842 paso a ser edecán de Rosas hasta 1852. Pese a ello, como otros “rosistas”, participó de la Revolución porteña del 11 de septiembre, y fue miembro de la Comisión de Marina durante el ministerio, el gobierno provincial y la presidencia de Mitre.

10 Antiguo egresado de la Escuela de Náutica creada por Belgrano desde el Consulado.

11 La Base Naval de Puerto Belgrano, antes llamada “Puerto Militar”, apostadero de la flota de Mar tomó oficialmente ese nombre el 2 de junio de 1923, por Orden General Nº 121promulgada el 4 de junio por el presidente Marcelo T. de Alvear y su ministro de Marina Almirante Manuel Domecq García.

12 Fuerte San José fue una fundación de 1779, de las cuatro realizadas en la costa patagónica por orden del ministro Floridablanca, ubicada en el golfo del mismo nombre, al norte de la península, arrasada por un malón en agosto de 1810.

13 Oficial de Lavalleja. Un año después mencionado en el parte de Ituzaingó, y ascendido a coronel

14 Leonardo Rosales (Buenos Aires, 1792- Carmelo, ROU, 1836) Tercer y último comandante del bergantín “Gral. Belgrano”. En 1814 embarcó como simple marinero en la sumaca “Trinidad” y se batió como artillero en Arroyo de la China. Combatió a órdenes de Zapiola en la guerra fluvial de 1820/21. Al inicio de la guerra contra el Imperio, Brown le confía la cañonera Nº 6, con la que participa del Combate de Punta Colares, y luego el mando del bergantín “Gral. Belgrano”, que pierde en el ataque a Colonia. A la noche siguiente aborda e incendia el bergantín “Real Pedro”, trasformando un duelo con Espora en un desafío por ver quien llegaba primero al mástil del enemigo. Se luce en Los Pozos en apoyo de su Almirante, y en toda la guerra al mando de la goleta “Río de la Plata”, la “9 de febrero”, y la “Riobamba”. Unitario, participó de la guerra civil que siguió al fusilamiento de Dorrego al mando de la goleta “Sarandí”, de la cual, ya en plena paz, intentó apoderarse en septiembre de 1830. Se exiló en la Banda Oriental donde murió en Las Vacas, localidad próxima a Carmelo, frente al río que fue escenario de sus hazañas.

15 En el 2009 el buzo y buscador de tesoros Rubén Collado encontró frente a Colonia restos de varios barcos, entre ellos los de un bergantín al que identificó como el primer “General Belgrano”

16 No se puede probar documentalmente que esta cañonera fuera la misma, de igual nombre, que Rosales tomó a Manuel Monteverde en Colastiné el 26 de julio de 1821 en combate personal que costó la vida del marino italiano al servicio de Ramírez.

17 Finalizada la guerra, en 1829, los restos del “Gral. Belgrano” fueron vendidos para leña a Federico Fossant en $21000.

18 Una pequeña calle “Bergantín General Belgrano”, paralela a Avda. Fernández de la Cruz, entre Cafayate y Avda. Lisandro de la Torre, en Villa 20, recuerda al primer barco que llevó el nombre del prócer.

19 La relación entre Rosas y la familia Belgrano es conocida, por la adopción de Pedro Rosas y Belgrano, hijo del prócer y de Dña. Josefa Ezcurra, hermana de Dña. Encarnación. Menos divulgado es que Rosas recibió del albacea de Belgrano el juego inglés de pistolas, de la armería de Henry Tatham & Joseph Egg, de 1813, que había recibido el creador de la Bandera, al año siguiente, como obsequio del Cabildo de Buenos Aires por las victorias de Tucumán y Salta. “La libertad de la Patria establecida” decía el grabado.

20 Brown dice que “era hermoso …y el único buque que vale” en la práctica lo comando personalmente,

21 Ex fragata mercante “Kremlim” fabricada en Medford. U.S.A

22 Ex goleta mercante “William Jenkins”, de Baltimore, USA, comprada por Rivera, unida a su flota como “Palmar”. Se pasó a la Confederación Argentina tras una sublevación de tripulantes el 24 de mayo de 1841.

23 John Halstead Coe (1895-1864), nacido o en Springfield Massachusetts, antiguo joven oficial de Brown en la guerra con el Brasil, casado con Trinidad González Balcarce, hija del general Juan Ramón Balcarce,

24 Bernardo Dupuy, capitán del destruido bergantín “Montevideano” se queja en sus Memorias: «Nuestra escuadra era mandada por Coe, compadre de Brown. Nos batimos hasta después de entrada la noche, en que Coe con los demás buques se metió en el puerto, para reparar, según se dijo, sus averías y me dejó a mí abandonado con mi buque en medio de mi enemigo; y siendo de noche, tuve que anclar fuera del puerto, sin ningún auxilio».

25En carta del 14 de agosto de 1841 al director del periódico “British Packet”, Thomas Love, Brown destacó la actuación del “Gral. Belgrano”, que recibió 25 impactos, más el barrenado, con 13 bajas mortales, y con el cual luchó hasta que se le acabó la pólvora.

26Malcolm Shannon, irlandés, había sido oficial de Brown en la Guerra contra el Brasil, destacándose al mando de la goleta “Unión” en la batalla de Juncal, y como segundo de Francisco Drummond en el bergantín “Independencia”, en el trágico combate de Monte Santiago.

27 El bautismo con el nombre del Libertador a fines de 1841 demuestra el aprecio y reconocimiento que despertaba San Martin en el gobierno de la Confederación.

28 Joaquín Hidalgo (Guayaquil, Ecuador, 1807- Buenos Aires, 1849) Se incorporó muy joven a la Escuadra de Chile e integró la Expedición Libertadora al Perú, participando del abordaje a la “Esmeralda”. Desde Chile se sumó a la Guerra contra el Brasil en la corbeta “Chacabuco” y otros corsarios. Participó de la campaña al Desierto de 1833. Prestó servicios en la Capitanía de Puerto, hasta que se incorporó a la escuadra de Brown, al mando de la “General Echagüe”. la “25 de Mayo” y el “General Belgrano”.

29 Antiguo barco brasilero llamado “Promptidao”, de catorce cañones.

30 Parte de Brown, 22 de diciembre de 1841.

31 El prepotente inglés se dirigió a nuestro almirante como “Mr. Brown, súbdito inglés al mando de las fuerzas navales argentinas frente a Montevideo” y afirmó “no reconocer a los nuevos puertos de Sudamérica como potencias marítimas autorizadas para el ejercicio de tan alto e interesante derecho como el del bloqueo”. Sarmiento lo cubre de elogios y Urquiza llamó “Purvis” a su famoso perro.

32 José Celedonio Elordi (Buenos Aires 1813-1871), combatió como aspirante en la guerra contra el Brasil, prisionero en el combate de Monte Santiago, activo oficial en la Revolución de los Restauradores, había sido comandante accidental del bergantín “General Belgrano” en 1841, y luchó en la escuadra argentina en Costa Brava, 15 y 16 de agosto de 1842, como segundo de Nicolás Jorge, marino griego de amplia foja de servicios en la nueva Patria.

33 ARGUINDEGUY, Pablo “Apuntes sobre los buques de la Armada Argentina” Comando en Jefe de la Marina, Buenos Aires, 1972, tomo III, pág. 1385.

34 Su costo fue de £ 687.700. lo que demuestra el poder económico de una Argentina que. al filo del nuevo siglo XX, encargaba cuatro cruceros de última generación, para disuadir la guerra.

35Manuel José Julián García Mansilla (Buenos Aires, 1859-1910), distinguido oficial, que llegó a ser Jefe de Estado Mayor General de Marina, comandante de la Flota de Mar y director de la Escuela Naval Militar, fundador y primer presidente del Centro Naval, era hijo de Manuel García Aguirre, encargado de comprar la Escuadra de Sarmiento y de Dña. Eduarda Mansilla Ortiz de Rozas, hija del defensor de la Vuelta de Obligado.

36 Emilio Barilari (Buenos Aires 1859- 1924), hermano de Atilio Sixto y de Mariano Barilari, fue destacado oficial y director de la Escuela de Artillería Naval y de la Escuela Naval Militar.

37 Onofre Betbeder (Villa MercedesSan Luis1861 – Nueva York1915) comandó la Fragata Sarmiento en el viaje más largo de su historial, hacia el Oeste, que tocó 71 puertos. Fue dos veces Ministro de Marina.

38 ARGUINDEGUY, Pablo, op. cit. tomo IV, pág. 1800/12, con cierta contradicción con la cita anterior