La Justicia y el Poder Político

Joaquín Da Rocha, procurador general del Tesoro y ex presidente de Fundejus, participó en primer término para poner en discusión el título mismo del panel: “El Poder Judicial no es apolítico. El magistrado o funcionario judicial cumple con el silogismo de Aristóteles, ‘toda persona es un sujeto político’. Y está bien que así sea, en contra de alguna neutralización de los magistrados, que no significa que no crea en un juez neutro y apartidario. Hay buenas y malas formas de hacer política. Si la queremos libre e independiente, la idea señera de las jornadas, tenemos que ver que no acepte presiones ni tampoco ejerza presión. No creo en el gobierno de los jueces ni que deba dejar el gobierno a los otros poderes”.

Miguel Piedecasas, presidente del Consejo de la Magistratura de la Nación, comenzó por asumir la condición política del órgano estatal que conduce, a partir de la convivencia de los integrantes del Poder Judicial como representantes de los Poderes Ejecutivos y Legislativo, además de quienes representan a la sociedad civil, como los abogados y académicos. “Me refiero a la política como arte de la gestión de gobierno, una elección de la sociedad para alcanzar sus metas, y no la política partidaria, aunque sea una expresión absolutamente legítima. En la designación de los jueces que conforman ese Poder Judicial, que se realiza en el ámbito del Consejo de la Magistratura, existe un diálogo y consenso que considero virtuoso, y no sé si la Constitución Nacional le dio otra oportunidad  a la sociedad de elegir el Poder Judicial. La formación que impregna a la personalidad del individuo no se separa por su calidad de juez. En su sentencia deben estar sus profundas convicciones democráticas y jurídicas. No es malo ni negativo, salvo que distorsione el conflicto, sobre todo en casos de alto impacto en la sociedad. Creo en la política, como así también en la madurez democrática de los jueces y juezas”.

Luis María Cabral, ex presidente de la AMFJN y actual integrante del Consejo de la Magistratura, se apoyó en las disertaciones anteriores para resumir: “La idea de la apoliticidad es extraña a la sociedad y a nuestra organización, y por supuesto los jueces hacen política desde distintas maneras. El Derecho es un acuerdo social de convivencia y su aplicación es para resolver conflictos sociales”.

Acto seguido, profundizó sus ideas acerca de la conexión de fallos y consecuencias políticas. “Tenemos que tener claras las consecuencias de nuestros actos. Los jueces no están para gobernar, pero sus sentencias son actos de gobierno. Muchos jueces provienen de la política, incluso en mi caso personal. Esa participación no puede determinar la actuación judicial. El pensamiento político lo puede influir, porque tiene que ver con una visión de la sociedad. La independencia se funda en la credibilidad que la sociedad tiene de ellos, pero se asienta en cada juez, que tiene que poner el cuerpo para las presiones que puede haber. La clave está en su personalidad. Los jueces no estamos para ganar concursos de popularidad, como ya ha dicho en su momento Ricardo Recondo. Los jueces deben ser independientes, imparciales, solventes e idóneos”.